María Nieves Vera: “El Grace es toda mi vida”
Fue la directora del colegio desde su fundación hasta 2016, año en que se retiró tras más de 30 años dedicados a la docencia. Esta profesora de enseñanza general básica con mención en Matemáticas, que ha sido el pilar del Grace School durante mucho tiempo, se dio un tiempo para contarnos desde su Algarrobo querido cómo se gestó este proyecto.
¿Por qué decidió ser educadora?
Si me preguntan cuándo decidí ser profesora, les tengo que contar que desde siempre se manifestó en mí la vocación por enseñar, siendo niña ayudaba a unos vecinos que tenían dificultad.
¿Qué la motivó a crear un colegio y porqué en ese sector de Santiago?
La creación del colegio fue casi circunstancial. Yo trabajaba en la Escuela Fiscal Nº 74, y unos colegas me dieron el primer impulso. A los apoderados les gustó nuestra entrega y cariño hacia los niños y se fueron encantando.
Agregó que uno de sus colegas fue el que la alentó y le dijo: “Mari, tú puedes hacerlo, porque me había visto trabajando, haciendo clases… y yo trabajaba en una escuela de hombres, de la disciplina que era muy difícil hacer trabajar a los niños. Y cuando me veían a mí haciendo gimnasia con 40 niños en la cancha, eso les gustó y que yo iba a hacer una gran escuela”.
¿Hubo muchas dificultades?
Las dificultades, por supuesto, fueron muchas como en todo en un comienzo. Las hacíamos todas: directora, profesora, asistente, auxiliar, sicóloga.
“El Mineduc nos entrega el decreto cooperador el día 5 de agosto de 1982. Es nuestro certificado de nacimiento”, señala para aclarar que la primera clase se realizó en marzo de ese año. “Es como cuando nace la guagua y después a los días le dan el certificado de nacimiento”, añade.
La satisfacción la llena cuando recuerda que, a diferencia de las dificultades burocráticas, la relación con la comunidad fue un triunfo desde el comienzo. “Nosotros nunca tuvimos la necesidad de hacer propaganda porque esto iba de boca en boca, la gente nos llevaba alumnos y nos recomendaba. Formamos una alianza muy bonita entre padres y profesores.
El nombre ¿a qué se debe?
El nombre Grace significa “gracia divina”, la educación como la reina y el objetivo de nuestras vidas y School para darle un poquito de caché.
¿Cuál es su ligazón actual con el colegio?
Toda su historia, el Grace es toda mi vida. Con toda su problemática, fui inmensamente feliz ahí. Me siento agradecida de tantos educadores que han pasado y otros que aún quedan.
Fueron mi luz, mi apoyo. mi empuje, mi brazo derecho y con su vocación han hecho del Grace lo que es hoy.
Hoy han llegado grandes profesionales que apoyan esta gran tarea y a los cuales les pido paciencia, comprensión, vocación porque eso es lo que necesitan nuestros niños y jóvenes.
Tras su retiro, ¿a qué se ha dedicado?
Alejada hoy de este barco gigante, me he dedicado a asesorar, a pasear y a vivir intensamente lo que me queda.
¿Pensó alguna vez que el colegio llegara a cumplir 40 años?
No, nunca me lo imaginé que iba a ser un barco tan grande y llegar a cumplir 40 años. Porque cuando yo me inicié con el colegio, mi sueño era tener un grupito pequeñito de alumnos, de kínder a sexto básico y entregarles lo mejor que podíamos y de ahí que pasaran a otro colegio más grande, pero los apoderados presionaron para que esto siguiera existiendo y cada vez pusiéramos más cursos.
Y finalmente, ¿qué espera para el Grace de ahora en adelante?
Que mis colegas en acción continúen entregando lo mejor de sí. Que lleguen contentos a trabajar, que irradien su vocación y su energía, porque eso los hará felices y se proyectarán a los niños que tanto necesitan la visión optimista de la vida. Los quiero siempre.
Mi sueño siempre ha sido que seamos el mejor colegio de la comuna, que tengamos bastantes lugares para hacer educación física, gimnasios… etc. Principalmente, infraestructura porque nosotros tenemos espacios para atrás pero no lo podemos ocupar porque no tenemos los permisos y hoy están muy difíciles de conseguir.
La histórica directora del colegio relata que cuando inició el proyecto solo había pensado en tener “un grupito pequeñito de alumnos, de kínder a sexto básico” y que no imaginó en ese momento en lo que se convertiría el establecimiento.

“Las hacíamos todas: directora, profesora, asistente, auxiliar, sicóloga”, afirma con nostalgia.
“Nosotros nunca tuvimos la necesidad de hacer propaganda porque esto iba de boca en boca, la gente nos llevaba alumnos y nos recomendaba”.






